Cafayate Diario – Redacción. – Miguel Nanni, el ex presidente—pero presidente en las sombras—de la UCR salteña, parece haber encontrado una nueva bandera para enarbolar: la de la conveniencia.
Luego de años de alquilar el radicalismo al mejor postor, de acomodarse con cualquier gobierno de turno y de ser funcional a todo el que le garantizara un espacio, ahora, súbitamente iluminado, declara que «hay que recortarle poder al gobernador Gustavo Sáenz».
El problema para Nanni no es el poder en sí mismo, sino que esta vez no le tocó una tajada.
Como en el viejo chiste de Groucho Marx, si no le gustan estos principios, tiene otros.
Su repentino giro opositor no es más que el reflejo de su conocida habilidad para cambiar de discurso según la marea. Un talento admirable, sin dudas, aunque más propio de un ilusionista y vendedor de humo que de un dirigente político.
Pero la realidad es implacable. El radicalismo en Salta, bajo su conducción, se ha convertido en un fantasma, un sello sin sustancia. Y ahora que los tiempos cambian y el reparto electoral lo dejó afuera, su metamorfosis desesperada solo expone lo que ya todos sabían: Miguel Nanni es un político sin principios, sin coherencia y, afortunadamente para la política salteña, sin futuro.
El ciclo del eterno equilibrista parece llegar a su fin. La pregunta es: ¿se irá en silencio o nos sorprenderá con otro acto de contorsionismo ideológico antes de la despedida?